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Descripción
Intérprete asociado: Olly, Juli
Intérprete asociado: Olly
Productor, Intérprete asociado: Juli
Letrista: Federico Olivieri
Compositor: Julien Boverod
Compositor: Pierfrancesco Pasini
Ingeniero de mezcla, ingeniero de masterización: Marco Vialardi
Letra y traducción
Original
Oggi mi sono svegliato alle dieci del mattino, ero ancora un po' ubriaco, come chi si è divertito, con il dubbio esistenziale del chissà con chi ho dormito.
Non ricordo più il suo nome, ma ricordo il suo sorriso.
Passo dal divano al letto, poi dal letto al divano, e per ammazzare il tempo mangio frutta da sdraiato, che alla fine non sono altro che un depresso fortunato, con la voce per cantare un pugno di paroline.
E alla fine ci sono riuscito, sono uscito, non so che mi ha convinto.
Nel bel mezzo del tragitto un pensiero mi ha assalito: se smettessi di fumare sarei sano e molto ricco, ma è che vado a bere, vado e mi apro un coso a
Fortunico.
Se volessi, potrei levarmi ai Peluragno, ballare il ritmo peruviano, tenere in mano un'altra mano fino a prender sonno su una sdraio.
Farei una festa per traguardo, sarebbe festa tutto l'anno, insomma, voglio dire, perderebbe il senso che le feste hanno.
Tutta la rabbia che non medico, tutte le notti che dimentico, che siamo tutti un po' matti, un po' scalmanati, che male c'è se non ci va di esser normali?
E ora che si è fatta sera, che si accendono i lampioni, che anche il cielo ha quei colori che mi fanno scrivere canzoni, torno a casa in compagnia di una gola a fede al dito, che non mi ha detto il suo nome, ma ha proprio un bel sorriso.
Traducción al español
Hoy me levanté a las diez de la mañana, todavía un poco borracho, como quien se ha divertido, con la duda existencial de quién sabe con quién me acosté.
Ya no recuerdo su nombre, pero recuerdo su sonrisa.
Voy del sofá a la cama, luego de la cama al sofá, y para matar el tiempo como fruta tumbada, que al final no es más que un afortunado deprimido, con voz para cantar un puñado de palabritas.
Y al final lo logré, salí, no sé qué me convenció.
En medio del viaje me asaltó un pensamiento: si dejara de fumar estaría sano y muy rico, pero solo voy a beber, voy y abro algo para
Fortunica.
Si quisiera, podría levantarme en el Peluragno, bailar al ritmo peruano, tomar otra mano hasta quedarme dormido en una tumbona.
Tendría una fiesta de hitos, sería una fiesta todo el año, en fin, o sea, perdería el significado que tienen las fiestas.
Todo el enfado por no ser médico, todas las noches que me olvido, que todos estamos un poco locos, un poco alborotadores, ¿de qué nos sirve si no queremos ser normales?
Y ahora que ha llegado la tarde, que las farolas se encienden, que hasta el cielo tiene esos colores que me hacen escribir canciones, vuelvo a casa en compañía de una garganta con un anillo de bodas en el dedo, que no me ha dicho su nombre, pero tiene una sonrisa realmente hermosa.