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Descripción
Bajo: Antonio Ramos
Coro: José Losada
Bajo: Antonio Ramos
Trombón: César Guerrero
Acordeón: Cuco Pérez
Violín: Diego Galaz
Batería: Enzo Filippone
Teclados: Iñaki Quijano
Coro: José Losada
Guitarra: José Ordóñez
Guitarra: José de Castro
Coro: Loli Abadía
Percusión: Luis Dulzaides
Trompeta: Raúl Miguel
Compositor: Ramón Melendi Espina
Letra y traducción
Original
Su mala puntería con la llave anuncia un malnacido tras la puerta, con piel de lobo y corazón cobarde, con más de mil motivos para odiarle.
Por el pasillo cruje una madera, igual que suena el alma de esa madre, porque él no pega con la mano abierta, no, es algo que aprendió bien de su padre.
Ella coge un cuchillo y no sabe qué hacer, si cortarse la vena o clavárselo a él.
Se apoya en la nevera, se deja caer y llorando le ruega que no le dé siempre al mismo lao'.
Marido y mujer, hasta que la muerte los separe.
Y ella espera llegue de su mano, porque solo así podrá devolverle parte del daño.
Porque fue a la ley y la ley le dio del otro lao'.
No son suficientes los moraos', ni se gara el cero, su amor sincero pa' condenarle.
Él solamente se siente seguro cosiéndole el corazón a su puño.
Un hombre que se cela hasta del viento, pues sabe que él solo es mierda por dentro.
Pero la vía le devolvió la hostia, grabando aquel momento en su memoria.
Momento en que no controló su mano, ahogando lo que hacía ya tiempo había matado.
Ella coge un cuchillo y no sabe qué hacer, si cortarse la vena o clavárselo a él.
Se apoya en la nevera, se deja caer y llorando le ruega que no le dé siempre al mismo lao'.
Marido y mujer, hasta que la muerte los separe.
Y ella espera llegue de su mano, porque solo así podrá devolverle parte del daño.
Porque fue a la ley y la ley le dio del otro lao'.
No son suficientes los moraos', ni se gara el cero, su amor sincero pa' condenarle.
Marido y mujer, hasta que la muerte los separe.
Y ella espera llegue de su mano, porque solo así podrá devolverle parte del daño.
Porque fue a la ley y la ley le dio del otro lao'.
No son suficientes los moraos', ni se gara el cero, su amor sincero pa' condenarle.
Y no le dio miedo la muerte y se marchó tan sonriente.
Fue la última vez que lloró.
Y no le dio miedo la muerte y se marchó tan sonriente.
Fue la última vez que lloró.