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Descripción
El mundo se detiene en espera, como antes de una inhalación en un concierto, cuando aún no ha sonado la primera nota, pero ya está claro que algo va a suceder. Todo dentro vibra al unísono con este sentimiento: como si el corazón hubiera recordado para qué late. En la canción no hay sufrimiento ni fe, sino una tranquila aceptación del destino, donde incluso el dolor se convierte en parte de algún milagro luminoso. Cada palabra suena como una confesión sin destinatario: simplemente un grito de la multitud que de repente se convierte en una canción. Ella abraza, consuela, quema un poco y deja una extraña sensación, como si alguien te hubiera quitado un peso de los hombros, pero sin pedir permiso. Y mientras todo a su alrededor mira, juzga, salva y miente, dentro queda un solo sentimiento simple: esperar, porque parece que para un encuentro así nació.
Letra y traducción
Original
Nací para esperar a que existieras tú y fueras a bajar mi cuerpo de la cruz.
Y empiezas a cantar y mi mejor virtud es que encontré tu hogar entre la multitud.
No tengo palabras, oigo tu voz hasta cuando te callas.
Y cuando llegue el momento, serás más libre que yo.
Nací para esperar a que existieras tú y fueras a bajar mi cuerpo de la cruz.
Y empiezas a cantar y mi mejor virtud es que encontré tu hogar entre la multitud.
Y el músculo entero, latiendo como en su día de estreno.
Los afortunados que se rodean de ti.
Nací para esperar a que existieras tú y fueras a bajar mi cuerpo de la cruz.
Y empiezas a cantar y mi mejor virtud es que encontré tu hogar entre la multitud.
Cuando nos calman, cuando nos duele.
Gente mirando, gente mirando.
Cuando nos salvan, cuando no pueden.
Cuando nos dejan, cuando nos mienten.
Gente mirando, gente mirando.
Cuando nos matan, cuando nos quieren.