Descripción
Es como si el aire se volviera más denso, más cálido, y ya no se supiera si es por amor o por nerviosismo. Todo a tu alrededor tiene los matices del sol de febrero: un poco de tristeza, un poco de calor y esa sensación de que incluso respirar te molesta, porque en tu aliento está el nombre de otra persona. Cada línea parece sacada directamente del corazón, mezclada con súplica y terca ternura: «que Dios decida, pero no te vayas».
No es una confesión, sino un hechizo en el lenguaje de los besos y las expectativas. Ese tipo de amor que parece que no debería suceder, pero que sucedió de todos modos. Y ahora incluso el dolor suena hermoso, como un estribillo que no quiere terminar nunca.
Letra y traducción
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