Descripción
Suena como una crónica de eternos «debí haber»: besar, decir, dejar ir... pero todo quedó en el aire, como una carta sin terminar. Los errores se acumulan y, en lugar de una tragedia, surge una tranquila ironía: bueno, los «malos románticos» vuelven a la arena, vuelven a fingir que el amor es simple aritmética.
En el estribillo se percibe un extraño consuelo: el amor siempre nace y siempre muere, lo que significa que habrá un nuevo ciclo por delante. Nada es definitivo, todo es temporal, incluso el dolor. La tristeza aquí es suave, sin desgarro, más bien como el recuerdo de una vieja cicatriz que ha dejado de doler, pero que ha dejado un bonito dibujo en la piel.
Letra y traducción
Original
Tenía que besarte, me regateé.
Ya van diez años, por amor no es práctico.
Tenía que entregarme, no me entregué.
De fiasco en fiasco, pobres románticos.
Tenía que soltarlo y no lo solté.
Debió hablar claro, por amor no es práctico.
Tenía que esperarme, no me esperé.
También te extraño, pobres románticos.
De cínicos adolescentes en cuestión de un segundo.
De estar ausentes, de células espejo.
No queda más remedio que tiempo.
Por amor siempre está naciendo, siempre está muriendo.
Volverá otra vez.
Por amor siempre está naciendo, siempre está muriendo.
Volverá otra vez.
Por amor siempre está naciendo, siempre está naciendo.