Más canciones de Carmen Lillo
Más canciones de CCF
Descripción
A través del humo y los estroboscopios se vislumbra una extraña confesión: el ritmo del club late en las venas, y por dentro parece que se desmoronan los fragmentos de viejas promesas. Aquí no hay extraños, solo dos personas encerradas en su propio acuario, donde el aire huele a pastillas y a cosas no dichas. Ella es como un destello de luz de neón, él es como un escaparate al que ha mirado durante demasiado tiempo.
En esta canción, la pista de baile se convierte en un confesionario y el estribillo, en una cerradura en la puerta. Dulce cansancio, ira nerviosa, frases lanzadas a la ligera y un intento de escapar de una dependencia pegajosa. Pero detrás de cada línea hay un deseo de despertar lejos, junto al mar, donde nadie rompe el silencio y donde la luz no daña los ojos.
Letra y traducción
Original
Nadie más puede entrar.
Nadie más puede entrar.
Nadie más puede entrar.
Suena la música dentro del club. No hay nadie afuera, solo estamos tú y yo.
Bajo la luz, grita intentando cambiar mi opinión, buscando el nombre que le reemplazó su corazón.
Tiene mi cruz.
Los ojitos de llorar, las pupilas dilatadas.
No me quiere soltar, nadie más puede entrar. Nadie más puede entrar.
Me quería en su vitrina, me quería consumida.
La vida de fluoxetina me subía los tuits. Mensajes de madrugada y otro ataque en el salón.
Diez de pan por la mañana pa' no perder la razón. Que soy mala, una puta, unida por la ambición.
Soy la mala, mala, mala por romper el corazón.
No, no me esperes hasta la noche encerrada.
En lo oscuro me vienen más flashes que me, que me alertan.
Los ojitos de llorar, las pupilas dilatadas.
No me quiere soltar, nadie más puede entrar.
Intenté cortar de golpe, apuré cada calada.
No me quiere soltar, nadie más puede entrar. Nadie más puede entrar.
Quiero despertar en un sitio muy lejos, cerquita del mar, nada que rompa el silencio.